EDITORIAL
Pasar de 48 a 40 horas laborales a la semana, de manera gradual, resulta un triunfo burdo, para quienes trataban de implementar 2 días de descanso obligatorio por 5 trabajados.
Los que propusieron ese esquema laboral, el de 2 días de descanso, sobre todo morenistas, trataron de imponer un esquema que va contra la realidad del sector productivo.
No, no lo lograron y en ello desilusionaron a los sindicatos en particular, a los trabajadores en lo general, que esperaban la aprobación legislativa de dicha propuesta.
Dos días de descanso obligatorio hubiera conllevado a una mejor salud, física y mental, así como mayor ánimo laboral y, en consecuencia, mayor productividad.
Más allá de lo anterior, las bondades de una determinación de esa magnitud hubieran sido una mejor convivencia social, en especial los lazos familiares, y de esparcimiento.
Ahora, independientemente de la postura de las demás fuerzas políticas, al interior de Morena hay dos visiones acerca de no llevar a un puerto esos dos días de descanso obligatorio:
1.- La que considera que, en lugar de esos días, no es menor el logro de reducir la semana laboral de 48 a 20 horas, aunque sea gradual; un logro histórico, se justifican.
2.- La que sostiene que al no lograrse la aprobación de ese compromiso, el de cinco días laborados por dos de descanso, lo aprobado es una reforma laboral a media y hasta una farsa.
