Editorial
Si todo depende del enfoque, ideológica y partidistamente hablando, pero sin duda la visita a Michoacán de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fue una señal de que no hay intención de abandonar o bajar la intensidad del llamado Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, implementado a raíz de la violenta muerte del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez.
Aparte del compromiso de ser evaluado cada quince días en Palacio Nacional, sin duda, sin la presencia física de la mandataria federal en el estado ese Plan no tendría el vigor que hoy tiene, aunque es evidente que enfrenta el escepticismo de la oposición y un poco menos de una gran parte de la ciudadanía, lo cual se puede notar de manera más fehaciente en el tema de la seguridad pública.
Un Plan federal que se espera se cumpla a carta cabal, en tiempo y en forma, sin dobleces, lo cual es más evidente que sea así en lo que concierne al desarrollo de la infraestructura y no en demasía en lo que toca a la estabilidad social, en donde, si bien los programas gubernamentales hacen que se mantenga a flote, su talón de Aquiles sigue siendo el oscilante clima de violencia, focalizada.