Morelia, Michoacán/Alfredo Soria/ACG
Colas en movimiento, miradas curiosas y ladridos llenaron este domingo la explanada del Parque Infantil 150 durante una feria de adopción. Algunas personas se detuvieron a preguntar por los perros, convivieron con ellos, les tomaron fotografías y los llevaron a caminar. Cada paseo abrió la posibilidad de iniciar una nueva historia. La actividad permanecerá hasta las 15:30 horas.
En esta ocasión asistieron 18 lomitos de distintas edades y tallas medianas y grandes, aunque la cantidad de animales que permanece bajo el cuidado de las rescatistas es mucho mayor. Sandra Juárez, encargada de la actividad y representante de DARAMOR Rescatistas Independientes, explicó que algunas de sus compañeras tienen hasta 40 ejemplares en casa.
Debido a que no pueden trasladarlos a todos, los perros se rotan en cada jornada para darles la oportunidad de convivir con posibles adoptantes. Hasta el momento de la entrevista, cinco personas habían manifestado interés en comenzar el proceso.
La entrega no se realiza de manera inmediata. Las rescatistas primero entrevistan a las personas interesadas y revisan las condiciones del domicilio antes de determinar si la adopción puede concretarse.
“Por lo regular, cada feria, mínimo, así por bajito, tres salen en adopción”, explicó Sandra. Aunque esta vez no llevaron gatos, mostraron fotografías y compartieron información con algunos asistentes para programar entrevistas durante la semana.
Entre los ejemplares que participaron se encontraban dos provenientes de decomisos por maltrato a cargo de la Fiscalía General del Estado, a los que también se busca integrar a un hogar.
Detrás de cada lomito en adopción también hay gastos de alimentación, vacunas, esterilización y atención veterinaria. Sandra calculó que preparar un rescate para su adopción requiere al menos mil pesos, aunque algunos casos cuestan mucho más: uno de los animales que atendió generó gastos cercanos a los 14 mil pesos.
Las ventas con causa les permiten reunir dinero para abonar a las cuentas veterinarias, pero las rescatistas mantienen otros empleos para cubrir el resto. La falta de recursos y espacio les impide atender todos los reportes que reciben; aun así, Sandra reconoció lo difícil que resulta dejar de ayudar: “Uno dice: ‘ya no, ya no’, pero es imposible cerrar los ojos y no ver”.