Morelia, Mich. | Agencia ACG.- Si este fin de semana no tienes planes, hay una obra en Morelia que merece ser vista con tiempo y sin prisas. “La lucha contra el terrorismo”, mural monumental pintado entre 1934 y 1935, se encuentra hoy en un estado que permite apreciarlo con claridad y contundencia, casi como fue concebido hace nueve décadas.
La obra, realizada por Philip Guston, Reuben Kadish y Jules Langsner, ocupa el muro con una fuerza que no busca agradar. Sus escenas fragmentadas, cargadas de tensión y dramatismo, recorren distintos momentos de la historia para hablar de un mismo fenómeno: la violencia ejercida desde el poder, la intolerancia y el terror como herramientas de control.
Ver el mural hoy implica enfrentarse a figuras que gritan, cuerpos sometidos, símbolos religiosos y políticos que se cruzan sin concesiones. No hay una lectura cómoda. El espectador es obligado a desplazarse visualmente de una escena a otra, como si el mural no permitiera detenerse demasiado tiempo en un solo punto, recordando que el horror no ocurre de manera aislada.
Tras haber permanecido oculto durante décadas y sufrir daños por el abandono, el fresco fue sometido a un largo proceso de restauración que hoy permite observar con mayor nitidez su composición original. Los colores recuperados, los volúmenes y la escala monumental refuerzan el impacto de una obra que no ha perdido vigencia. Al contrario: su mensaje parece resonar con más fuerza en el contexto actual.
Más allá de su valor histórico, “La lucha contra el terrorismo” se sostiene como una obra profundamente contemporánea. Los jóvenes artistas que la pintaron, hijos de inmigrantes judíos y testigos del ascenso del fascismo en Europa y Estados Unidos, entendieron el arte como una forma de advertencia. Ese espíritu sigue intacto.
A casi 90 años de su creación, el mural vuelve a estar visible, completo y presente, recordando que hay imágenes que no envejecen porque las preguntas que plantean siguen sin resolverse.