El público cantó las canciones de Lara y lloró las desventuras de Blanca (Susana Guízar), joven pobre, invidente, virtuosa del piano, que adora a su novio Andrés Valle
Cultura. En abril de 1947 se estrenó en el cine Palacio Chino de la Ciudad de México la película Señora tentación, de José Díaz Morales. El título alude a la canción de Agustín Lara: “Señora tentación, de frívolo mirar, de boca deliciosa ansiosa de besar…”. La película es un drama entre un compositor y tres mujeres: Susana Guízar, Hilda Sour y Ninón Sevilla.
El público cantó las canciones de Lara y lloró las desventuras de Blanca (Susana Guízar), joven pobre, invidente, virtuosa del piano, que adora a su novio Andrés Valle (David Silva), compositor y cantante, también pianista y pobre. Por cierto, la voz cantada de David Silva es de Eduardo Solís y la ejecución al piano de Susana Guízar es de Carmen Castillo Betancourt.
Susana Guízar (Pátzcuaro, Michoacán, 15 de agosto de 1915-Ciudad de México, 2 de junio de 1997) era parte de una familia dedicada a la música. La fama de sus primos: Pepe Guízar, el “pintor musical de México” y de Tito Guízar, el caporal de Allá en el rancho grande, influyeron en su vocación actoral.
Entre sus parientes está Rafael Guízar y Valencia (nacido en Cotija de la Paz), que en 1995 fue el primer obispo mexicano e hispanoamericano canonizado por la Iglesia católica.
Susana ingresó al cine bajo la dirección de René Cardona en La reina del río (1939), melodrama ambientado en playas tamaulipecas, compartiendo créditos con Domingo Soler y Pedro Armendariz.
Con Jorge Negrete actuó en Juntos, pero no revueltos (1939, Fernando A. Rivero), comedia de ocurrencias y amores en una vecindad.
Es Carmen en Calumnia (1939, Francisco Elías), con Sara García y Carlos Orellana. Gilberto Martínez Solares la dirige en La locura de don Juan (1940), con Carlos López Moctezuma.
En Madre a la fuerza (1940, Robert O´Quigley) actúa con la célebre vedette María Conesa, la “gatita blanca” de los escenarios teatrales.
En 1941 Alejandro Galindo y Alfredo B. Crevenna adaptan Sangre y arena, novela de Vicente Blasco Ibáñez. Es el propio Galindo quien dirije Ni sangre ni arena, parodia a la medida de Mario Moreno “Cantinflas”. La obra de Blasco Ibáñez fue llevada al cine por Fred Niblo en 1922, con Rodolfo Valentino, y por Rouben Mamoulian en 1941, con Tyron Power y Rita Hayworth.
Susana Guízar es Anita y “Cantinflas” hace un doble papel: el torero Manuel Márquez “Manolete” y su imposible gemelo “El Chato”, en una comedia de enredos, confusiones y corridas de toros.
De nueva cuenta con Pedro Armendáriz en Del rancho a la capital (1941, Raúl de Anda), sobre el peregrinar de una familia provinciana a la urbe moderna. Susana Guízar es María de la Fuente y Manolo Fábregas Julián de la Fuente, los hermanos ricos que tendrán que recibir en casa a los provincianos.
En Alejandra (1942, José Benavides) comparte créditos con Arturo de Córdova y Rafael Baledón, en un folletín sobre el abandono, la paternidad cuestionada y mucho llanto.
Se viste de ranchero en Jesusita en Chihuahua (1942, René Cardona) para alternar con Pedro Infante.
A Ramón Armengod en Noches de ronda (1943, Ernesto Cortázar) se le presenta una difícil disyuntiva: elegir su amor verdadero en la sencilla y amorosa Pelancha (Susana Guízar) o en Olga (María Antonieta Pons), la cabaretera que comienza a ascender en el mundo del espectáculo.
Luis G. Basurto adapta la obra de Oscar Wilde para el argumento de El abanico de Lady Windermere (1944, Juan J. Ortega), en un duelo actoral con Anita Blanch.
Participa en la muy interesante El socio (1946, Roberto Gavaldón), con Hugo del Carril y Gloria Marín.
Con una carrera de un poco más de una década, Susana Guízar actuó por última vez en Póker de ases (1952, René Cardona) y se retiró a la vida privada.
Tal vez Señora tentación fue su película más conocida. Es Blanca, la pianista ciega, que escucha por la XEW una canción de su novio Andrés Valle, que canta a dueto con Hilda Sour. Al final de la canción se entera de los vuelcos del corazón y los giros de la historia.
Mientras se escucha la melodía Janitzio (de Agustín Lara en la realidad), se observan las imágenes de los pescadores sobre el lago de Pátzcuaro: “Si me mata tu ausencia, si me ahoga la inquietud; si no tienes clemencia para esta esclavitud, que las aguas se lleven mi llanto y mi dolor, ¡que recoja Janitzio el perfume de mi amor!”
Jaime Vázquez, promotor cultural por más de 40 años. Estudió Filosofía en la UNAM. Fue docente en el Centro de Capacitación Cinematográfica. Ha publicado cuento, crónica, reportaje, entrevista y crítica. Colaborador del sitio digital zonaoctaviopaz. Autor del libro: “Michoacán en el cine. Episodios en la pantalla”. @vazquezgjaime
Jaime Vázquez, colaborador La Voz de Michoacán