SEMANA SANTA, LA BENDITA FE
“En México, la fe ya no sólo salva almas, también salva narrativas.”
Cada año, durante la Semana Santa, México entra en una especie de tregua simbólica, menos confrontación, menos ruido político, más referencias a valores, tradición y espiritualidad, pero esa pausa no es inocente; Es estratégica …. porque mientras millones de mexicanos se desconectan, el poder aprovecha para reconectarse con la moral.
Los datos cuentan una historia que el discurso no quiere reconocer, según el INEGI, el país ha dejado de ser uniformemente católico: en dos décadas, el porcentaje cayó de más del 88% a cerca del 78%, la fe no desaparece, pero pierde fuerza como identidad dominante.
Y, sin embargo, la política actúa como si nada hubiera cambiado; porque necesita que no cambie.
Mientras tanto, la realidad es otra, la Secretaría de Turismo reporta millones de desplazamientos internos y ocupaciones hoteleras superiores al 80%, pareciera que México ya no vive Semana Santa, la consume.
Ese es el primer engaño; el segundo es más peligroso.
En un país donde la confianza institucional es frágil, el poder ha encontrado un atajo: usar la fe como sustituto de resultados.
No hay crecimiento suficiente, pero hay discurso moral; No hay seguridad plena, pero hay narrativa de valores;No hay rendición de cuentas clara, pero hay apelación a lo correcto.
Y eso funciona.
Funciona porque la fe no se cuestiona igual que la política; Funciona porque la moral no se mide en indicadores. Funciona porque creer es más fácil que exigir.
Ahí es donde la religión deja de ser espiritual y se convierte en herramienta.
No se trata de imponer creencias, se trata de envolver decisiones políticas en lenguaje moral y cuando eso ocurre, el ciudadano deja de ser crítico y se convierte en creyente y cuando eso pasa, la democracia empieza a debilitarse.
Porque ya no se discuten políticas públicas, se defienden convicciones, ya no se exigen resultados, se justifican intenciones y surgen los otros datos, traidores a la patria, están conmigo o contra mí.
Ese es el verdadero negocio de la fe en la política: convertir la evaluación en lealtad.
México ya pagó caro por mezclar religión y poder, la separación entre Iglesia y Estado fue una necesidad para evitar que el poder se volviera incuestionable.
Hoy no estamos regresando a ese modelo, estamos entrando a uno más eficaz, uno donde no se impone la religión, pero se utiliza su lógica, donde no se gobierna con dogmas, pero se protege con ellos.
Y lo más incómodo es que funciona mejor que antes, porque ya no necesita templos, basta con narrativa.
Semana Santa es un espejo político: un recordatorio de que, en México, la fe sigue siendo más poderosa que la evidencia.
Y mientras eso siga siendo cierto, el poder lo va a seguir usando, no para elevar a la sociedad, sino para evitarque lo cuestione.
Porque el problema no es que la gente crea.
El problema es cuando el poder necesita que la gente crea más de lo que piensa y es en ese momento, que la política deja de gobernar y empieza a predicar.
POSDATA:
… cuando justifica lo injustificable, es ahí donde
la Inteligencia Artificial exhibe a la Inteligencia Humana…
Es tiempo de los ciudadanos …. ¡¡¡¡ de fe inteligente!!!!
Abelardo Pérez Estrada
Empresario, Analista, Expresidente CANACINTRA