Morelia, Michoacán | ACG.- Mientras el sol de la tarde cae sobre el Centro Histórico de la capital, un traje rojo encendido avanza a paso firme frente a la Catedral. Es el señor Bryan García, quien camina junto a su esposa Paulina Marcos y su hija.
Sin embargo, las miradas no se las lleva el llamativo atuendo de Bryan, sino el pequeño ser de plumas que camina a su lado con una fidelidad que envidiaría cualquier perro. Se trata de Lucas, un pato que como su dueño dice, «es cien por ciento michoacano», y que esta tarde en Morelia se convirtió en la sensación de las calles.
Para la familia, Lucas no es un juguete ni una atracción de feria: es un integrante más de su hogar desde hace dos años, aunque dicen, lo pasean con orgullo. Lo tienen desde pequeño y los sigue a todos lados, incluso cuando Bryan trabaja en la zona de manantiales, o en camelinas en los semáforos. No es parte del trabajo, pero los acompaña.
Un saludo a la Ciudad de México
La fama de los patos paseadores estalló en redes sociales con Merlín, el célebre pato de la Ciudad de México. Pero Bryan aclara de inmediato, con su personalidad cálida y platicadora, que Lucas no busca hacerle competencia a nadie, sino compartir la misma amistad.
Hace poco, la familia viajó con él a la capital del país, donde el patito demostró su origen. «No es la competencia, nomás fue por el saludo; él demostró que viene de aquí de Morelia, porque han salido patos de Tampico o Taxco, pero él es de acá», platica Bryan con orgullo.
Dice que lo han entrevistado otros medios, pero el aclara que este pato es totalmente de Morelia. En ese viaje a la CDMX, Lucas se subió al Metro, al Cablebús y hasta terminó en los festejos en el Ángel de la Independencia tras un triunfo de la selección. La gente lo recibió muy bien, gritando su nombre en medio de la euforia futbolera.
«A veces la gente echa mucho hate, pero no es imitación, solo es nuestro pato y con el salimos a todos lados. No es Merlín, es Lucas».
El estilo de un auténtico seleccionado
La faceta deportiva de Lucas nació precisamente en Morelia durante la fiebre del Mundial, cuando la misma gente de la ciudad le sugería a Bryan que le consiguiera una playera. Los pequeños zapatitos que hoy luce en sus patas se los pusieron durante su travesía por la capital, y en realidad son unos calcetines, porque dicen, es «patón».
A pesar de ser muy dócil, de cruzar las calles con calma y de disfrutar los viajes a la playa, Lucas tiene sus propias reglas. Es amigable para las fotos y para caminar entre la gente, pero Bryan detalla que casi no le gusta que personas extrañas lo carguen.
De regreso en su tierra, el Pato Lucas prefiere continuar sus paseos tranquilos junto a su familia. Entre el ruido de la avenida Madero, este singular personaje se robo las miradas por su recorrido en la capital, y demostrando que Morelia también se suma a la fiebre futbolero con sus mascotas.
