México anunció a finales de 2025 la subida del impuesto especial sobre refrescos y otros productos altos en azúcar

Madrid. - La entrada en vigor en Reino Unido de una ley que veta la publicidad de la "comida basura" se suma al lento progreso mundial para proteger a la infancia de su impacto nocivo, ya que solo alrededor del 30 % de los países cuentan con alguna medida en este ámbito.

Los instrumentos jurídicos varían notablemente entre los países, que incluyen directrices o códigos (voluntarios u obligatorios) y, en pocas ocasiones, se integran en la legislación nacional, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La mayoría de los niños menores de 5 años no pueden distinguir la publicidad televisiva de la programación regular, y los menores de 8 años creen lo que ven, es decir, no tienen la capacidad de comprender su intención persuasiva.

El último país que ha incorporado a su marco legal interno la prohibición de la publicidad de alimentos insanos dirigida a niños -alta en azúcares, sal y grasas saturadas- ha sido Gran Bretaña.

El veto estará vigente entre las 5:30 de la mañana y las 9 de la noche en radio y televisión, y durante todas las horas en las redes sociales, aunque se mantendrán los anuncios y promociones en marquesinas de autobús o en escaparates.

Unos meses antes, en octubre de 2025, entró en vigor en Noruega una prohibición completa de marketing de alimentos poco saludables dirigido a menores de 18 años, cubriendo dulces, refrescos y helados.

Desde 2013, los fabricantes noruegos habían adoptado voluntariamente la restricción de publicidad dirigida a menores de 13 años, pero la nueva norma obliga a ello.

Québec, Chile y Suecia, entre los pioneros

En 1980, Quebec fue pionera al aprobar una ley que alejaba los anuncios de comida y bebida de los niños menores de 13 años, mientras que Chile fue uno de los primeros países latinoamericanos en hacerlo y Suecia en territorio europeo.

En el país nórdico se prohíbe desde 1991 cualquier anuncio televisivo de comida basura dirigido directamente a niños menores de 12 años.

En 2006, el Gobierno chileno aprobó la Ley de Etiquetado y Publicidad de los Alimentos. Muchos artículos envasados comenzaron a mostrar uno o más octágonos negros con blanco indicando ‘alto en energía’ y prohibió la presencia de estos alimentos en colegios y el marketing destinado a la infancia.

México, uno de los mayores consumidores de refrescos del mundo -166 litros por persona al año-, anunció a finales de 2025 la subida del impuesto especial sobre refrescos y otros productos altos en azúcar, en coincidencia con el acuerdo alcanzado con la industria para rebajar el 30 % del contenido de azúcar, así como restricciones a la publicidad dirigida a menores.

En la Unión Europa, la autorregulación es una práctica común para no publicitar alimentos insanos a menores de 13 años, pero en muchos casos se ha demostrado ineficaz.

En el caso español, el ministro de Derechos Sociales y Consumo, Pablo Bustinduy, anunció en septiembre pasado un paso más en la lucha contra la obesidad infantil con una nueva ley que regulará la publicidad de alimentos insanos dirigida a este colectivo.

Según sus datos, los niños españoles se ven expuestos a más de 4,000 anuncios de comida basura al año, y la OMS señaló que la mayoría de los alimentos y bebidas anunciados en este país en horario infantil son de baja calidad nutricional.

Desde 2005, España tiene en vigor un Código de Autorregulación, que limita voluntariamente la publicidad de alimentos poco saludables en programación infantil (cuando supera el 25% de audiencia menor de 12 años), pero no es vinculante ni cubre redes sociales o influencers.

En 2019, la Asamblea de la República Portuguesa aprobó la ley que prohíbe la publicidad de productos con altas cantidades de sal, azúcar, y grasas saturadas en espacios frecuentados por menores, y su promoción en la televisión y radio durante el horario infantil.

Las salas de cine lusas tampoco incluyen anuncios de estos productos en la publicidad previa a la proyección de películas para menores de 16 años, y queda igualmente prohibido promover estos bienes en publicaciones dirigidas a lectores juveniles.