Análisis de la tercera edición de ‘Michoacán en el otoño del siglo XVII’, obra clave del historiador Alberto Carrillo Cázares editada por Morevalladolid.
Ramón Sánchez Reyna
La práctica de reeditar libros no ha sido un asunto sencillo. Hoy me ocupo de hacer algunos comentarios a la tercera edición del libro Michoacán en el otoño del siglo XVII, que recién se presentó en el Museo de Arte Colonial en Morelia. La primera edición en gran formato se debe al Colegio de Michoacán y al Gobierno del Estado en 1993, la segunda en edición corta a la Editorial Morevalladolid en 2010; ahora constituye el número cuatro de la colección La tierra donde estamos, que iniciaron el presbítero e historiador Francisco Miranda Godínez y el Doctor Álvaro Ochoa Serrano, ambos avecindados en Zamora, Michoacán. La presentación de un libro impreso siempre será motivo de celebración. Y no se trata de un libro, creo que estamos ante dos libros, es decir, la extensa parte introductoria de la autoría del Padre Carrillo, por si sola constituye un libro, y por otro lado el cuerpo documental que motivó la publicación, bien puede constituir otro.
A la editorial Morevallado, primero, fundada por la Familia Silva Bedolla con Don Urso a la cabeza, y ahora Morevalladolid, Michoacán debe mucho no sólo por su trabajo desde las prensas, sino como hacedores de grandes obras impresas y el patrocinio de muchas otras.
En nota introductoria Álvaro Ochoa anota que: la principal novedad de esta edición, consiste en haberla dotado de un completo aparato de notas a pie de página en sustitución de las breves referencias contenidas (entre paréntesis) en el cuerpo mismo del texto, por las que optamos en la primera edición. La introducción de las referencias a pie de página, facilitarán a los lectores el recurso a las fuentes de donde proviene la documentación.
El corpus documental lo constituyen una seria de informes sobre el estado que guardaba el clero michoacano en ese referido otoño, entre el 1ro. de octubre de 1680 y el 20 de agosto de 1681. Sin olvidar que con anterioridad existen otros informes muy parecidos: el primero es el Cuestionarios sobre el Nuevo Mundo, 1525-26. En Michoacán, un tal Luis Cárdenas elaboró en 1527 otro informe, Juan de Villaseñor otro en 1532 y Vasco de Quiroga uno más en 1535.
Nos dice el Padre Carrillo, que fue el historiador Peter Gerhard, quien en 1981 publicó Un censo de la diócesis de Puebla en 1681, y alertó sobre la posible pérdida de documentos similares que debieron ser realizados en los otros obispados de la Nueva España.
Conocedor Carrillo Cázares de los repositorios documentales virreinales michoacanos, cayó en la cuenta de que varios expedientes conservados en el Archivo Manuel Castañeda, de la casa de Morelos en Morelia, debían corresponder a ese informe que la corona española solicitó a los reinos de América, y de inmediato se propuso reunir y estudiar su riquísimo contenido.
Un siglo atrás 1579-1580, Michoacán había respondido desde sus provincias o territorios a un cuestionario amplio y detallado que fue ordenado por el rey Felipe II y que se conoce como Relaciones Geográficas de Michoacán, y que has sido publicadas y estudiadas en cuatro ocasiones: en 1958 por el arqueólogo José Corona Núñez (Guadalajara); en 1985 por Álvaro Ochoa S. y Gerardo Sánchez D., H. Ayuntamiento de Morelia-UMSNH, en 1987 por René Acuña (UNAM), y en 2019 y 2025 por Álvaro Ochoa Serrano, en la colección La tierra donde estamos.
El siglo pasado se dio a conocer la Inspección Ocular de Michoacán, editada por el sacerdote jesuita, José Bravo Ugarte y publicada por el Archivo General de la Nación. El expediente, señala Ugarte, carece de Titulo, por lo que bien puede denominarse Real inspección Ocular en Michoacán, regiones centrales y sudoeste. Su contenido hace creer que fue hecha a fines de XVIII y principios de XIX.
Queda claro que de entre los objetivos principales de este cuerpo documental, estuvo el: promover “en la región más tarasca, el buen gobierno y policía”. Para la época en que se genera la documentación, España está gobernada por el rey Carlo II y el obispado de Michoacán tiene como titular Francisco de Aguiar y Seixas.
Para introducir al lector en la materia y dejar abierta la invitación para que se acerque a la lectura de este voluminoso trabajo, 894 páginas, solamente pondré un ejemplo del contenido de estos reportes o padrones.
Cuando se refiere a: “Tiene esta cabecera de Apatzingán los pueblos pertenecientes para su administración que son los siguientes: San Juan Andachequqa o Tandachutiro; es un pueblo distante de esta desta cabecera como dos leguas y media seito en esta Provincia de Tanzítaro. Son 25 tendra indios, yndias casados asta veinte y sinco indios y otras tantas indias. Son 3 Viudos y viudas tiene tres. Son 7 muchachos y muchachas de comunión son siete.”
Además de referir las fiestas de algunos de los curatos y sus pueblos sujetos, algunas veces detalla el ajuar de los templos. Aquí en caso de: “Tiene dicho pueblo de San Luis Naguatzen una iglesia parrochial y en ella está el altar dorado, con un sagrario dorado, y cuatro liensos de pincel en los cuales están San Pedro, San Pablo, un Ecce Homo y la Virgen. En el remate de dicho altar mayor está una hechura de un Cristo de bulto, y en medio está San Luis de bulto, que es el patrón de dicho pueblo…”
“Tiene dicho pueblo de San Luis Naguatzen un hospital y en dicho hospital tiene un retablo de la limpia concepción; está en blanco por no haberlo podido dorar. Está un simborio que actualmente lo están pintando y dorando”.
Ya casi al final del expediente nos encontramos con el partido de Zamora, al que dedican especial atención, porque diferencia de otros, aquí se empadrona casa por casa, familia por familia, anotando si se trata de españoles, criollos, esclavos o la casta a la que pertenezcan.
Por último, se tiene la nómina de las doctrinas, en que pueblo se localizan y a que orden religiosa pertenecen: agustinos o franciscanos.
Ramón Sánchez Reyna. Historiador formado en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de algunos textos sobre historia y arte. En el año 2010 editó el suplemento Voces del Bicentenario en este mismo diario.