La señora Sheinbaum quiso confundir a los mexicanos y a la Casa Blanca con un discurso tramposo sobre la soberanía y la injerencia extranjera
LEOPOLDO GONZÁLEZ
México es un país de luces y de sombras: lo que importa es que sabemos de qué lado está la luz y quién urde la oscuridad.
El domingo pasado, en lo que se presentó como un informe de gobierno, pero fue un acto de propaganda y de enajenación de masas, la inquilina de Palacio pronunció uno de los discursos más desafortunados que se conozcan, en el que puso a México en riesgo y en peligro.
La señora Sheinbaum quiso confundir a los mexicanos y a la Casa Blanca con un discurso tramposo sobre la soberanía y la injerencia extranjera, pero lo que logró fue que México entendiera a quién intenta proteger y alertar a Estados Unidos sobre el populismo arrabalero y autoritario en su frontera sur.
Sheinbaum llamó a cerrar filas en torno a ella y a la causa guinda, porque su debilidad y la caída de la 4T en el ánimo ciudadano la tienen preocupada y apanicada. También quiso levantar el ánimo de los mexicanos, de forma tramposa, alegando que están bajo amenaza la soberanía y la integridad nacional, porque el Departamento de Estado de EU reclama a 10 criminales hoy y reclamará a varias docenas más en el futuro inmediato.
En apretada síntesis, sabiendo que entre nosotros los profesionales del antiyanquismo son legión y son de izquierda, el grito de Sheinbaum en la capital del país podría resumirse así: ¡Ahí viene el lobo feroz!
Con gran equivocación y desconocimiento jurídico de lo que es la soberanía, en el Monumento a la Revolución se quiso confundir a las masas de iletrados y acarreados, con el cuento de que la soberanía de México está en peligro, como si el principio de soberanía pudiese ser individuado en personas concretas y como si fuese propiedad exclusiva de un color y unas siglas partidistas.
En México sabemos, por cultura jurídica y experiencia histórica, que la soberanía es el principio y el mecanismo jurídico que garantiza la inmunidad y la integridad de los estados en el derecho internacional, por lo que no es aplicable a partidos ni a individuos concretos.
La señora que vive en Palacio Nacional, por sus desplantes retóricos del domingo pasado, quedó mal con los mexicanos y no le fue muy bien con la Casa Blanca.
Cuando el principio de soberanía es tratado con desparpajo y obedece a un manoseo ideológico, como es el caso, las masas no caen rendidas ni hipnotizadas.
El principio de soberanía nacional, surgido en el amanecer de la República y elevado a precepto constitucional con la Doctrina Estrada, da inmunidad y protege a entidades permanentes como el Estado, la Nación y la República, pero no protege ni brinda impunidad de ningún tipo a partidos ni a grupos de poder.
Quien amenaza la soberanía de México, y de hecho la tiene empinada, no es Estados Unidos ni España, ni la leyenda negra de Hernán Cortés ni la historia recortada de Isabel la Católica, sino los presuntos pactos de trastienda que se insinúan de la 4T con el crimen organizado.
En este sentido, el que desde Estados Unidos se señale a docenas de personajes de la 4T de vínculos con el huachicol fiscal, el huachidiesel, la delincuencia organizada y la quiebra económica de México, no es una amenaza a la soberanía ni un amago injerencista del tío Sam, sino la prueba patente de que ciertos narcopolíticos morenos se sienten amenazados.
La inquilina de Palacio, pese a las solicitudes de las Cortes del Distrito Sur de Brooklin, se ha negado imprudentemente a entregar a los coludidos con el CDS. Si no son entregados por México, lo más probable es que grupos de élite o fuerzas especiales de EU vengan por ellos. Esto no es injerencismo ni atropello a la soberanía de México, es justicia internacional.
El que sean señalados, desde Washington, capos de la narcopolítica y el huachicol fiscal como Audomaro Martínez, Andy López Beltrán, Adán Augusto López Hernández, Mario Delgado y cuatro gobernadores de la 4T, no implica una persecución política ni un ataque a la integridad nacional, sino un poner tras las rejas del Sistema Penitenciario Estadounidense a crápulas y bribones de siete suelas que han saqueado al sistema mexicano.
Si alguien en la 4T sigue creyendo, por ingenuidad, socarronería o ignorancia, que Rocha Moya es un ser angélico y que los beneficiados con el dinero sucio que él y socos repartían son querubines del reino celestial en la tierra, conviene decirles que o pecan de inocencia o están francamente equivocados.
Pisapapeles
Escribió Octavio Paz: “La peor ceguera no es la física sino la mental”.
leglezquin@yahoo.com