Transformando

¿De qué sirve la solvencia institucional, si la atención médica sigue enfrentando carencias?”

Durante años hemos escuchado que el sistema de salud mexicano está en proceso de transformación, se anuncian hospitales, inversiones, contratación de médicos y nuevas estrategias para garantizar medicamentos, sin embargo, esta semana fueron los propios trabajadores del Instituto Mexicano del Seguro Social quienes salieron a las calles para denunciar las condiciones en las que desempeñan su trabajo.

Las manifestaciones comenzaron como un conflicto laboral, pero terminaron poniendo sobre la mesa un problema mucho más profundo, porque detrás de las exigencias salariales aparecieron denuncias sobre falta de medicamentos, insuficiencia de personal, carencias de equipo y deterioro de instalaciones, problemas que no solamente afectan a quienes trabajan en el IMSS, también a millones de mexicanos que dependen de sus servicios, aquellos a quienes se les prometió un sistema de salud como el de Dinamarca, aunque por lo visto el modelo danés sigue sin encontrar la manera de cruzar el Atlántico.

El conflicto tiene cifras concretas, mientras la institución y la dirigencia sindical defendieron un incremento global de 6.8%, integrado por 2.9% al salario tabular y 3.9% en prestaciones, los inconformes reclamaron mejores condiciones y cuestionaron su representación sindical, además de exigir cambios al sistema de jubilaciones y pensiones.

Conviene distinguir las demandas, porque no todas tienen la misma solución ni dependen de la misma autoridad, mejorar el abastecimiento de medicamentos corresponde a la operación institucional, modificar el régimen de pensiones requiere decisiones legislativas y aumentar salarios implica considerar tanto los derechos laborales, como la sostenibilidad financiera.

Pero hay otra contradicción que merece atención.

El director del IMSS, Zoé Robledo, ha destacado la fortaleza financiera del instituto y el crecimiento de sus reservas, una afirmación que encuentra respaldo en sus informes oficiales, aunque esos mismos documentos advierten desequilibrios importantes en el financiamiento del Seguro de Enfermedades y Maternidad.

Esto significa que una institución puede tener reservas, mantener su operación y cumplir sus obligaciones financieras sin que necesariamente cuente con recursos suficientes para resolver todas las necesidades médicas de su población derechohabiente.

La diferencia es fundamental, solvencia financiera no significa suficiencia de servicios.

También sería incorrecto desconocer los avances, el propio instituto reporta que desde 2019 incrementó su plantilla en más de 94 mil trabajadores de base, incluyendo médicos especialistas y personal de enfermería, además de inversiones y ampliaciones de infraestructura que deben evaluarse por sus resultados.

La pregunta entonces no es solamente cuánto ha crecido el IMSS, sino si ese crecimiento corresponde al aumento de la demanda, al envejecimiento de la población, a las enfermedades crónicas y a las necesidades reales de quienes esperan una consulta, una cirugía o un medicamento.

El problema tampoco comenzó con la actual administración, durante décadas se acumularon rezagos de infraestructura, financiamiento y organización, pero reconocer su origen histórico no elimina la responsabilidad de quienes hoy tienen la obligación de resolverlos.

Las protestas representan una oportunidad para escuchar a quienes conocen el funcionamiento cotidiano de los hospitales, aunque también obligan a distinguir entre las legítimas demandas laborales, las disputas sindicales y las deficiencias que deben comprobarse mediante indicadores de atención.

Porque la discusión no debería limitarse a cuánto dinero tiene el instituto, cuánto presupuesto recibe o cuántos hospitales inaugura el gobierno, debería incluir cuántas personas reciben atención oportuna, cuánto esperan para una cirugía, qué porcentaje de recetas se surte completamente y cuántos pacientes deben pagar de su bolsillo lo que su seguridad social tendría que proporcionarles.

La salud pública no puede evaluarse únicamente desde los balances financieros, ni desde las conferencias de prensa, tampoco desde las denuncias sin comprobar, requiere indicadores transparentes, comparables y verificables que permitan conocer tanto los avances como las deficiencias.

La verdadera fortaleza del IMSS no estará en lo que tenga guardado en sus reservas, sino en su capacidad para atender a quienes lo necesitan.

Posdata:

“En Guadalajara, la exigencia de agua limpia terminó opacada por actos violentos, condenables, sin duda, pero la pregunta de fondo es otra, ¿cómo puede un gobierno exigir respeto a sus edificios cuando no garantiza agua limpia en los hogares?”

Es tiempo de los ciudadanos… ¡¡¡Exigentes!!!

El autor es empresario, analista y expresidente de la CANACINTRA en Michoacán.