En conversación con Soledad nos habla sobre su conexión con el pueblo mapuche, el poder espiritual de la música y el vínculo especial que ha construido con la cultura mexicana durante su gira por Michoacán
Martha Bernal, colaboradora La Voz de Michoacán
Desde el sur de Chile hasta tierras michoacanas, la voz de Soledad Ulloa, también llamada “La Pispireta”, ha hecho una gira para compartir su nuevo álbum “Canto Para Sanar”. Originaria de Villarrica, tiene una profunda conexión con la cosmovisión del pueblo mapuche. Hoy en día está establecida en Morelia, donde construye puentes entre las raíces latinoamericanas.
La cantautora y multiinstrumentista utiliza la música como una herramienta de sanación, memoria y resistencia, teniendo de ejemplo su álbum más reciente, donde hace una declaración íntima y colectiva. Soledad ha recorrido diversos escenarios en rincones latinoamericanos, nutriéndose de las comunidades que preservan la música ancestral para transformarla en una expresión contemporánea y refrescante.
En conversación con Soledad nos habla sobre su conexión con el pueblo mapuche, el poder espiritual de la música y el vínculo especial que ha construido con la cultura mexicana durante su gira por Michoacán.
¿Cómo te sientes presentando tu nuevo disco?
Estoy muy contenta de estar presentando la nueva música que hemos creado en estos viajes entre Chile y México. Creo que es un buen momento para compartir con la gente una propuesta diferente, y al mismo tiempo un mensaje a través de esta música que hemos ido creando con diferentes experiencias. El disco incluye música y poesía, que hace que este mensaje que se comparte en el disco sea profundo y sea transformador.
El nombre del disco “Canto para sanar” ¿qué significa para ti?
Creo que las artes, en todas sus variantes, todas sus vertientes nos permiten diferentes posibilidades, una de ellas, para mí, es la sanación. Si bien algunas personas escogemos diferentes caminos, yo escogí la música que me ha hecho sentido desde que soy pequeña. Creo que no hay persona en el mundo que pueda cerrar los oídos, y hacer literalmente oídos sordos a la música. Creo que la música, tiene una infinita posibilidad de sanación.
Se ha usado en las tradiciones, como en las culturas, para crear identidad, pero cantar para sanar es enunciar un mensaje, que si no lo hacemos acongoja. Este mensaje, que es transformador, este mensaje que es social, este mensaje que también llega con la persona y también con los sentimientos más personales. Tiene siete canciones, un repertorio, que fue creado acá en Michoacán, donde yo evidencio parte de mi vida en este ir y andar entre Chile y México, donde trato de compartir la música. No solamente como un elemento de diversión, sino también con una profunda raíz hacia la sanación, hacia la transformación y hacia el sentirnos mejor.
¿Cómo ha sido tu formación musical? Viajando entre Chile y México, ¿cómo ha influido en tu aprendizaje?
De todas las cosas aprendemos. Obviamente, la música tiene un estudio que es específico, en cuanto a teoría, en cuanto a análisis sociológico de la música. Ha sido un camino largo. Desde que tengo aproximadamente catorce años, empecé a indagar en la guitarra. Me fui hacia la música tradicional porque es algo que era parte de mi contexto, donde yo me crié.
Soy una persona que vive en el sur de Chile, que se crió en el sur de Chile, donde está arraigado mucho lo campesino, mucho lo local, mucho la cultura indígena mapuche, que en ese sentido, entrega mucho de identidad. Luego de eso, comenzaron viajes, donde comencé a tocar nuevos instrumentos que están también presentes en este disco, como el acordeón, percusiones, que ha sido también un logro a través del interés personal y también hacia el interés por las diferencias en la cultura. Ese es el viaje que yo he hecho de manera supersocial, con momentos teóricos, estudiando música, pero también de una manera empírica, social.
Ahora que mencionas al pueblo mapuche, ¿cuál es la conexión con esta cultura?
Tengo familia, por parte de papá, por parte de mamá, mis abuelos tienen sangre mapuche. Vivimos en el contexto, la cultura mapuche está viva, como acá, como la cultura purépecha. Hubo un momento que estuvo bastante silenciada por las diferentes connotaciones sociales, diferentes pensamientos; pero hoy en día es una cultura que sigue viva, que está presente en todas sus tradiciones, en la lucha social, en su cosmovisión, también desde su espiritualidad.
Yo me siento mapuche, si bien no vivo en comunidad, no he tenido la oportunidad y tampoco he querido, la verdad, lo tengo en mi sangre. Es algo que practico a través de la espiritualidad. Cuando saludamos a los ngen, que le llamamos nosotros a los espíritus que nos hacen posible estar en este mundo, también a través de nuestro discurso político, social y musical, invitamos a la gente a ser más consciente. Eso también es ser mapuche. No solamente vestirnos de una forma, no solamente hablar el mapuzungún, sino también crear conciencia y estar presente con la raíz.
Me puedes explicar ¿cómo es la música tradicional mapuche?, ¿cómo es que incorporas estos elementos en tu música?
Hubo un disco que yo grabé hace aproximadamente ocho años, que fue Niña Tierra, en ese disco yo hago dos temas que están vinculados con la música mapuche, una plegaria de la lluvia. La música mapuche es bastante espiritual. Es una música diferente.
Hoy en día también se toca con guitarra, claro que sí, pero es más basado con instrumentos tradicionales como son el trompe, la cajawílla, el kultrún, que tienen una misión específica, que es conectar, en este caso, la particularidad de la machi, que es la persona superior en este cargo, en este rol social que tienen los mapuches, para conectar con los seres superiores que no están, que nosotros no vemos, pero están presentes. Así que tiene una función bastante espiritual la música, y cuando eres niño, también de entretenimiento.
Puedes escuchar sus discos “Canto Para Sanar” y “Niña Tierra” en plataformas de streaming musicales como Spotify, Apple Music, Amazon Music y YouTube Music.
Cita destacada:
“A través de nuestro discurso político, social y musical, invitamos a la gente a ser más consciente. Eso también es ser mapuche. No solamente vestirnos de una forma, no solamente hablar el mapuzungún, sino también crear conciencia y estar presente con la raíz.”