HAY MUERTOS QUE ANDAN CONMIGO
POR JUAN PEREZ MEDINA.
Hay muertos que andan conmigo todos los días. Son mi consciencia. Son también los muertos de mis pesares. Rubén Alcántara, Estanislao Ochoa, Adrián Rojas, Rafaela Alejo Magaña y, con la salvedad de mi Madre, los más destacados: Javier Acuña y el muerto del primer día del mes de abril de 2025: Luis Alfonso Vargas Silva.
Fueron mis compañeros de lucha y también mis amigos. De los más cercanos. Con los dos primeros iniciamos la revuelta sindical de aquella primavera magisterial de 1989 en los municipios de la Ciénega de Chapala. Distintos, diferentes, pero siempre comprometidos y fieles a los objetivos de la lucha por democracia y bienestar. Dirigentes de sus centros de trabajo y también de toda la región. Gozaron mientras vivieron del reconocimiento de sus compañeros. Cargados de defectos, estos no pudieron opacar sus enormes virtudes.
Adrián Rojas Benito, maestro y abogado, inteligente y dedicado a los asuntos que se le encargaban. Fue un compañero que conocí en las garras del charrismo sindical. Se sumó a nuestro equipo y nuca defraudó la confianza que en él depositamos. Defensor de los que no tenían quien los defendiera sin más pago que la satisfacción de haber servido.
Rafaela Alejo fue una mujer inspiradora, maestra ejemplar, organizadora nata. Representante de las comunidades indígenas de la periferia de Morelia y participante activa en la lucha de las colonias populares en su lucha por vivienda digna, servicios y escuelas para los niños pero, sobre todo, en la lucha por los derechos de las mujeres, sobre todo, por las mujeres indígenas. Fue en su momento, casi una madre para muchos de nosotros. Su recuerdo es infinito.
El siguiente, y me refiero aquí a Francisco Javier Acuña Hernández fue, además de lo ya mencionado arriba, el maestro. No conocí un militante tan altamente comprometido con la causa que defendió hasta la muerte: la lucha por una sociedad democrática, participativa y sin clases.
Era incansable, creativo, estudioso de la realidad social, teórico-político y enormemente generoso. Quien lo conoció en vida puede dar cuenta de estas cualidades que lo acompañaron hasta el momento de su fatalidad en aquel dudoso accidente del 31 de diciembre de 1999.
Javier Acuña fue líder social y sindical que luchó por la justicia popular, dedicando su vida a organizar a los maestros, campesinos y otros grupos para defender sus derechos.
Era un cuadro político de la más alta envergadura y un camarada ejemplar. Puedo afirmar sin equivocarme que ha sido el mejor hombre que ha dado la lucha del magisterio michoacano y por mucho.
Pero este primero de abril, me sorprendió la terrible noticia de la muerte de nuestro compañero y líder comunista, joven aún, Luis Alfonso Vargas Silva. Asediado por un cáncer (que terminó quitándole la vida), fue siempre férreo militante que, en su lucha contra esa tremenda enfermedad, nunca abandonó su puesto y siempre salió a cumplir con sus tareas como el que más.
Firme de convicciones y formado en la lucha con verdaderos dirigentes populares, creció al amparo de una pléyade de hombres y mujeres que defendieron huelgas obreras y la conformación de los ejidos en el noroeste del país.
Comprometido con la lucha de los de abajo, no dudó en sumarse a la convocatoria de la IV Declaración de la Selva Lacandona, emitida por el EZLN. Formó parte del Partido de los Comunistas siendo uno de sus fundadores y principales referentes.
Acompañó en todo su recorrido a “La otra campaña”, participante activo del rescate independiente de los mineros de Pasta de Conchos junto con los familiares y de la recolección de firmas a favor de la vocera del Consejo Indígena de Gobierno María de Jesús Patricio Martínez, mejor conocida como Marichuy en 2018.
Pero, sobre todo, un militante de 24 horas, al lado de las luchas de los trabajadores, apoyando a los maestros de Baja California, a los obreros del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), a los maestros de la CNTE y la lucha en contra de la instalación de la cervecera ConstellatiónBrands en su natal Mexicali.
Fundador de nuestra organización nacional, la Central Unitaria de Trabajadores de México (CUTM), se dedicó con total responsabilidad a su consolidación, organización y lucha.
Hemos perdido el corazón de un hombre extraordinario y a un combatiente sin tregua por la causa del socialismo. Y este nuevo muerto me duele mucho. Porque siendo un hombre bueno y entregado a las mejores causas de la humanidad se ha ido. Me hará mucha falta, como nos hará falta a todos los hombres ocupados en construir otro mundo posible.
Otro más que camina conmigo para señalarme el rumbo. Para recordarme que vinimos aquí como una centella y solamente vale la efímera estancia si desplegamos nuestros esfuerzos en la lucha por hacer este mundo más justo y generoso.
Camino con todos los que he mencionado. Son mis muertos y están en mí más vivos que nunca.