Morelia, Michoacán/Asaid Castro/ACG
El calor se sentía desde antes de las cinco de la tarde. A las 4:59, casi media hora despues de la hora marcada para su llegada, el toldo instalado en el Venustiano Carranza comenzaba a abarrotarse poco a poco. Familias completas, adultos mayores, jóvenes y hasta algunas mascotas buscaban refugio bajo la sombra.
Afuera del recinto, varias personas repartían ejemplares del Plan Michoacán. Dentro, el ingreso obligaba a cruzar la pista de atletismo, cuyas grietas y desgaste quedaban expuestas conforme avanzaban los asistentes. Al fondo, contrastando con las condiciones del lugar, resaltaba el templete desde donde la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, encabezaría el anuncio de los Programas del Bienestar.
Entre la multitud destacaba un par de madres provenientes de la comunidad de Nueva Jerusalén, vestidas con el atuendo, dijeron haber llegado desde las ocho de la mañana para alcanzar un buen lugar y mostrar su respaldo a la presidenta. La espera, larga y bajo el calor, no parecía haberlas desgastado.
Muchos asistentes caminaban con el periódico doblado bajo el brazo; otros sostenían cartulinas ya hechas o escritas ahí mismo, con mensajes improvisados. Se repetían los rostros impresos de Claudia Sheinbaum y consignas ya conocidas. El evento, programado para las 4:30 de la tarde, inició cerca de las cinco.
Antes de la llegada presidencial, el Venustiano Carranza ya era un mosaico de demandas y apoyos. Había familiares de personas fallecidas de la Universidad Michoacana, trabajadoras del Cobaem que exigían el pago de adeudos, egresados de la UPN que pedían plazas docentes y grupos que aprovecharon el acto para manifestarse contra el autogobierno indígena. Una cartulina, dirigida al vocero del Consejo Supremo Indígena, advertía: “Pavel divide al estado”.
Otros mensajes se leían de forma literal: “Exigimos respeto al decreto de la Suprema Corte de Justicia de la Nación”, “Preferencia legal a egresadas de la UPN para plazas docentes”. También había reclamos por las dificultades para adquirir productos de la canasta básica y, entre ellos, cartulinas de agradecimiento y consignas repetidas como un eco entre la gente: “Amor con amor se paga”.
A las cinco en punto, el ambiente cambió. Claudia Sheinbaum apareció entre los asistentes y el grito fue inmediato: “¡Presidenta, presidenta!”. Avanzó entre la multitud saludando de cerca, mientras desde la primera fila un hombre llamaba la atención con un sombrero plasmado con la bandera de Estados Unidos, una imagen que rompía con la escena habitual.
Ya en el templete, rodeada de funcionarios estatales y federales, en el momento de su discurso Sheinbaum inició con un saludo general y un reconocimiento a los jóvenes presentes. Recordó sus visitas previas a Michoacán y subrayó que el respaldo popular, dijo, no es hacia una persona, sino hacia un proyecto de nación, ademas de que calificó a los pueblos originarios y a los migrantes en estados unidos, como héroes.
“Son héroes y heroínas de la patria”, dijo, al reconocer que no sólo apoyan a sus familias, sino que también sostienen parte de la economía del país vecino, incluso en contextos adversos.
También defendió los avances económicos, el aumento al salario mínimo y los programas sociales dirigidos a jóvenes, mujeres y adultos mayores, reiterando que los gobiernos de la Cuarta Transformación son, afirmó, “gobiernos del pueblo”.
Mientras el discurso avanzaba, las cartulinas seguían en alto y las miradas se cruzaban entre quienes esperaban ser escuchados, vistos o al menos reconocidos. Entre el calor, las consignas y los aplausos, el Venustiano Carranza volvió a convertirse en un espacio donde convergieron el respaldo político y la exigencia social.