El Mundial que convirtió a las ciudades en sistemas

Mtra. Miryam E. Camacho Suárez

En 1986, cuando México organizó la Copa del Mundo, las preocupaciones eran relativamente simples: que los aficionados encontraran el estadio con un mapa de papel doblado en la guantera, que los equipos llegaran a tiempo y que las transmisiones de televisión no se interrumpieran.

Los boletos eran de papel. Los teléfonos celulares prácticamente no existían para el público general. Y la palabra algoritmo pertenecía más a los laboratorios de computación que a la vida cotidiana.

Cuarenta años después, México está a punto de volver a hacer historia, porque será el primer país en albergar tres Copas del Mundo. También será el primer Mundial organizado simultáneamente por tres países —México, Estados Unidos y Canadá— y el primero que reunirá a 48 selecciones nacionales en 104 partidos.

Pero quizá el cambio más importante no está en el número de equipos, los estadios o los aficionados, sino en la infraestructura invisible que hará posible el torneo.

Porque mientras en 1986 el reto consistía en mover personas, en 2026 el reto consiste en mover información, y mucha.

Los grandes acontecimientos suelen dejar algo detrás. Los Juegos Olímpicos transforman ciudades. Las crisis modifican regulaciones. La pandemia aceleró en cuestión de meses procesos de digitalización que probablemente habrían tardado años en consolidarse.

Los eventos extraordinarios tienen una característica peculiar: comprimen el tiempo: obligan a gobiernos, empresas e instituciones a realizar en unos cuantos años transformaciones que normalmente habrían tardado una década.

Y eso es precisamente lo que parece estar ocurriendo con el Mundial de 2026, porque a simple vista parece un torneo de futbol, sin embargo, también es una gigantesca prueba de estrés para la infraestructura urbana mexicana.

La Ciudad de México ilustra bien la magnitud del cambio,ya que cuando se celebró el Mundial de 1986, la capital no contaba con una red masiva de videovigilancia conectada. El actual sistema C5 ni siquiera existía y hoy la situación es radicalmente distinta.

La ciudad opera más de 113 mil cámaras y las metas oficiales señalan que podrían superar las 120 mil antes del inicio del torneo, la cifra es tan grande que cuesta imaginarla.

Si cada cámara fuera un observador humano, estaríamos hablando de una ciudad entera dedicada exclusivamente a mirar lo que ocurre en calles, avenidas, estaciones y espacios públicos.

Sin embargo, el dato verdaderamente interesante no es la cantidad de cámaras, es que ahora están conectadas.

Por primera vez, la seguridad, la atención de emergencias, la movilidad y distintos servicios urbanos pueden compartir información en tiempo real dentro de un mismo ecosistema tecnológico.

En 1986, si querías saber qué estaba ocurriendo en una avenida, tenías que estar físicamente ahí, en 2026, la ciudad podrá observarse a sí misma.

Monterrey, por su parte, enfrenta un desafío diferente.

El reto no consiste únicamente en garantizar seguridad, sino en evitar que la infraestructura digital colapse cuando decenas de miles de personas intenten conectarse simultáneamente.

Por eso operadores como Telcel, AT&T y Altán Redes han recibido facilidades regulatorias y espectro adicional para fortalecer sus capacidades durante el torneo.

Aquí aparece uno de los conceptos tecnológicos más mal entendidos de los últimos años, porque nos dijeron que el 5G era importante porque permitiría descargar videos más rápido.

La realidad es mucho más interesante, la principal ventaja del 5G es la densidad.

La capacidad de soportar enormes cantidades de dispositivos funcionando al mismo tiempo dentro de un mismo espacio.

Imaginemos un estadio lleno, ochenta mil personas utilizando teléfonos inteligentes, relojes conectados, aplicaciones de movilidad, pagos digitales, redes sociales y transmisiones en vivo.

Ahora sumemos cámaras de seguridad, sistemas de televisión, servicios de emergencia y plataformas operativas, debido a que el desafío ya no consiste en conectar personas, consiste en conectar ciudades enteras.

El Mundial moderno ya no se juega solamente en la cancha, también se juega en las redes.

Y mientras la Ciudad de México fortalece su capacidad de observación y Monterrey pone a prueba su infraestructura de conectividad, Guadalajara enfrenta un reto distinto: el movimiento.

El Mundial obligará a trasladar decenas de miles de personas hacia el Estadio Akron sin paralizar una zona metropolitana que ya enfrenta importantes desafíos de movilidad.

Por ello, las autoridades han diseñado un esquema especial basado en transporte público reforzado, puntos de transferencia, estacionamientos periféricos y rutas dedicadas hacia el estadio.

A primera vista podría parecer simplemente un plan de transporte, pero no lo es, en realidad, representa un cambio profundo en la forma de administrar una ciudad.

Durante décadas, las ciudades reaccionaban cuando el congestionamiento ya había ocurrido, hoy la lógica es diferente, la información en tiempo real permite anticipar movimientos, redistribuir flujos y coordinar miles de desplazamientos antes de que la infraestructura llegue al punto de saturación.

Dicho de otra manera: la ciudad comienza a desarrollar una capacidad que antes asociábamos exclusivamente a las personas, la capacidad de coordinar.

Por si fuera poco, las estimaciones de la industria apuntan a que el Mundial de 2026 podría generar alrededor de 90 petabytes de información, aproximadamente cuatro veces más que Qatar 2022.

Es una cifra tan grande que pierde significado para la mayoría de nosotros, quizá una analogía ayuda más: si el Mundial de 1986 fue una conversación entre personas, el Mundial de 2026 será una conversación entre millones de dispositivos.

Cada teléfono, cada cámara, cada sensor, cada sistema de transporte, cada plataforma digital, todos produciendo información de manera simultánea.

El futbol seguirá jugándose sobre césped, pero el Mundial moderno también se jugará sobre datos.

Y no podemos olvidar que los grandes eventos suelen dejar algo detrás.

Rusia 2018 dejó miles de millones de dólares en infraestructura de transporte y doce estadios modernizados. Qatar 2022 aceleró sistemas de movilidad, conectividad y desarrollo urbano que continúan operando hasta hoy.

Por eso una pregunta más después de hacer las quinielas para saber quién levantará la copa,es qué permanecerá cuando los aficionados regresen a casa.

Porque la infraestructura suele quedarse, quizá ese el verdadero legado de 2026, sea ese.

Mientras millones de personas recordarán goles, derrotas y celebraciones, México podría estar construyendo algo mucho más duradero.

Curiosamente, las tres ciudades sede parecen estar desarrollando capacidades que normalmente asociamos a cualquier sistema inteligente. la Ciudad de México aprende a observar, Monterrey aprende a conectar y Guadalajara aprende a coordinar.

Las tres funciones básicas de cualquier inteligencia humana.

México 86 necesitó concreto y carreteras para mover personas, México 2026 necesita redes para mover datos, y esa transformación probablemente seguirá con nosotros mucho después del silbatazo final.

Miryam Elizabeth Camacho Suárez
Comunicadora y abogada con formación en Ciencias Políticas. Combina la precisión del derecho con la sensibilidad narrativa para explorar temas de integridad, transparencia y cultura digital. A lo largo de su trayectoria ha trabajado en el fortalecimiento de la confianza pública y en la reflexión sobre cómo se comunican las instituciones y cómo se preserva la memoria en tiempos de sobreinformación. Actualmente desarrolla proyectos editoriales que entrelazan comunicación, ética y tecnología.