Más allá de esquivar a las figuras opositoras, aspirantes gubernamentales, la reciente visita a Michoacán de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, resultó, digamos, reconfortante más en el rubro de programas y de obra pública que en el de seguridad pública, algo obvio.
Si, ambos puntos enmarcados en el llamado Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, un relativo acierto para apaciguar los ánimos encendidos, a través de fuertes manifestaciones, algunas rudas, por la muerte violenta en noviembre pasado del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo Rodríguez.
Un Plan Michoacán que insistimos, pese a los detractores por oficio y de vaivenes, da oxígeno, un segundo aire, al Gobierno del estado, presidido por Alfredo Martínez Alcázar, y sobre todo a determinadas regiones y a focalizados municipios, porque no es menor la inesperada millonaria inversión pública.
Reconfortante dicha visitante presidencial, porque se sigue dando continuidad institucional a los reforzados y hasta aumentados programas y obras referidas, lo cual, sin ello, a estas alturas, estaríamos solo visualizando aquellos, aquellas, ya encaminadas, sin nada más en la agenda estatal.
Hoy, a diferencia de Gobiernos anteriores tenemos claro en la entidad que se hará en esos rubros, de aquí hasta la culminación del actual sexenio, hasta sus últimos suspiros; de lo contrario , estaríamos viendo en este 2026 la gradual extinción de la actual administración del territorio michoacano.
