Editorial | Morena Michoacán: Una bomba de tiempo…
• La dirigencia nacional estira la liga de la designación y arriesga al partido a una fractura irreversible.
Primero fue el portazo a las bases con la súbita cancelación de la asamblea guinda en Morelia. Luego, el freno de mano impuesto desde la capital del país a la crucial mesa de los aspirantes.
La postergación ya no es un asunto técnico; es el síntoma de una fractura que amenaza con la ingobernabilidad. El Comité Ejecutivo Nacional de Morena ha estirado la liga de la designación a niveles de alta peligrosidad.
La postergación indefinida de las encuestas oficiales y espejo no ha hecho más que atizar las paranoias. Lejos de enfriar los ánimos, el vacío informativo alimenta el fuego de las estructuras que ya se declaran la guerra.
El choque frontal entre el bloque oficial del gobernador y la trinchera del moronismo es más que evidente. Las acusaciones por la construcción de estructuras paralelas y los dados cargados en el territorio suben de tono.
Ninguno de los bandos en pugna muestra la más mínima disposición de ceder un ápice en este tablero violento. Los llamados públicos a la concordia y los decálogos de unidad firmados a regañadientes son pura pirotecnia mediática.
Por debajo de la mesa de la dirigencia, las zancadillas entre los equipos de los aspirantes queman el tejido interno. La disciplina partidista, esa que tanto presumen desde el púlpito del poder, se ha convertido en una tregua de cristal.
Dejar el desenlace de la coordinación estatal para diciembre será el error táctico que termine por incendiar la parcela. Michoacán corre el riesgo real de volverse una plaza inmanejable para las cúpulas del centro que dictan los tiempos.
Si la dirigencia nacional sigue pateando el bote, la fractura interna será definitiva, irreversible y sumamente costosa.
