Morelia vivió una vez más el desgaste de las movilizaciones normalistas, una jornada marcada por el recuerdo del operativo policiaco del año 2012 y la exigencia de liberar a un estudiante detenido. La marcha de este contingente derivó en un fuerte enfrentamiento sobre la Calzada La Huerta, dejando saldos lamentables como una policía lesionada por artefactos pirotécnicos.
El avance estudiantil hacia el Palacio de Gobierno se convirtió en un auténtico juego del gato y el ratón, donde la Guardia Civil buscaba encapsular y los manifestantes eludir los cercos. Los normalistas utilizaron su movilidad para dispersarse y reagruparse por vías alternas, forzando la intervención de una unidad policial especial antes de lograr plantarse en las inmediaciones del centro histórico.
Al final, los cercos policiacos a la altura de la céntrica calle Galeana impidieron que los jóvenes llegaran a las puertas de la sede gubernamental, reduciendo su protesta a un mitin exprés. Tras lanzar consignas contra lo que consideran un abandono institucional y retroceso educativo en sus escuelas rurales, los contingentes abordaron sus autobuses y emprendieron la retirada sin dialogo formal.
Sin duda, esa confrontación radical –estudiantes contra policías- representanta un escenario de suma cero donde nadie gana y la ciudadanía absorbe los impactos directos en su movilidad, economía y tranquilidad cotidiana. Los bloqueos y los actos vandálicos contra los comercios locales profundizaron el histórico rechazo de la población michoacana hacia los métodos de presión y violencia callejera.
La coyuntura resulta doblemente costosa para la imagen de Morelia, que este viernes dio la bienvenida al todavía prestigioso Festival Internacional de Cine bajo un entorno blindado por vallas de metal. Si, el contraste entre la alfombra roja cinematográfica y los destrozos urbanos proyecta una lamentable inestabilidad que las laborales de limpieza exprés difícilmente logran ocultar al turismo internacional.