Morelia, Michoacán | ACG.- Antes de viajar miles de kilómetros para conocer los paisajes áridos de África, Roberto Garay Segura comenzó su historia con una semilla, un cactus y la curiosidad de un adolescente que buscaba especies poco comunes en revistas extranjeras.
Su afición por las plantas inició en 1982, cuando cursaba primero de secundaria y empezó a reunir cactus y ejemplares que encontraba en intercambios y publicaciones especializadas. En una época sin internet ni compras digitales, conseguir una especie exótica significaba esperar meses, enviar dinero por correo y confiar en que algún día llegarían los catálogos o las semillas solicitadas.
El interés por las plantas africanas surgió en 1989, cuando visitó la colección de Fernando Schmoll, en Cadereyta, Querétaro. Ahí conoció por primera vez una especie proveniente de ese continente y comenzó una búsqueda que años después lo llevaría hasta su lugar de origen.
En el año 2000 realizó su primer viaje a África. Lo que durante años había investigado desde México a través de libros y publicaciones pudo verlo directamente en el territorio donde crecían aquellas especies que tanto le llamaban la atención.
Después regresó en varias ocasiones. Primero mediante recorridos organizados y posteriormente por cuenta propia, con vehículos rentados, mapas, coordenadas y la información compartida por otros coleccionistas que le permitieron adentrarse en zonas más alejadas para encontrar plantas en su hábitat natural.
Entre las especies que más han marcado su trayectoria está la Welwitschia mirabilis, una planta originaria de Namibia que puede vivir alrededor de 2 mil 500 años y que sobrevive en una de las regiones más secas del planeta gracias a la humedad de la neblina proveniente del océano.
Roberto explica que en algunas zonas de Namibia existen numerosos ejemplares, aunque existe preocupación por la falta de nuevas generaciones de plantas en determinados sitios. Ante ese escenario, actualmente trabaja con semillas provenientes de Sudáfrica para propagar esta especie.
Su vínculo con la naturaleza comenzó mucho antes de sus viajes internacionales. Nació en la Ciudad de México y durante su infancia vivió en una zona rural de Cuajimalpa, donde su abuelo cultivaba maíz, calabazas y habas.
Ahí aprendió a sembrar y germinar semillas, una práctica que permaneció con él hasta convertirse en una pasión por especies de todo el mundo.
Roberto estudió Administración de Empresas y durante varios años tuvo un restaurante, mientras mantenía su colección de plantas como una actividad personal. Fue entre 2004 y 2005 cuando comenzó a comercializar algunos ejemplares en exposiciones y, después de cerrar su negocio, decidió dedicarse por completo al cultivo y venta de plantas.
Actualmente se especializa en especies africanas como aloes, haworthias, lithops, euphorbias y conophytums, además de otras variedades de bulbos y suculentas. Su proyecto lleva el nombre de Sossusvlei, una región de Namibia que conoció durante sus primeros recorridos por África.
Su trabajo lo ha llevado a participar en exposiciones y encuentros botánicos en distintas ciudades del país, como Guadalajara, Monterrey, Querétaro, Ciudad de México y Morelia, además de mantener ventas a través de internet.
En la capital michoacana participa actualmente en la quinta edición de la Expo Botánica, donde comparte espacio con coleccionistas y vendedores de diferentes especies. Entre cactáceas mexicanas, echeverias, helechos y plantas carnívoras, las suculentas africanas de Roberto reciben a los visitantes desde el acceso al encuentro.
La historia que comenzó con un adolescente buscando cactus en revistas extranjeras se transformó en una vida dedicada a las plantas. Entre semillas que tardaban meses en llegar por correo y viajes hasta los desiertos de Namibia, Roberto convirtió una curiosidad de juventud en un oficio que mantiene vivo entre raíces, hojas y espinas.
